Me rodean mis temores, mis penas y mis remordimientos;
ya no me quieren dar tregua, reclaman lo que es suyo;
este cuerpo marchito, sin ilusiones, adolorido y sin sueños,
que no espera más que ser oruga cuando se rompa el capullo.
Mi mente hedionda llena de putrefacción se cae por pedazos,
mis manos ya no quieren escribir, mis ojos ya no buscan que mirar,
la sinfonía y los acordes que me acompañaban se han perdido;
pasea sin cadena y con toda libertad entre mis dientes la soledad.
La muerte no me llama, el quitarme la vida muy fácil me suena,
ya no me tengo paciencia, solo lástima; ya perdí toda la calma,
mis letras y valores pierden sentido, con el tiempo se envenenan,
y se pierden en la oscuridad donde bajo llave quedó mi alma.
