El le pertenece a ella, y ella le pertenece al destino,
nunca estuvo entre ellos encontrarse ni vivirse,
cada uno seguía con su vida, con sus cosas, con sus latidos,
y bastó con solo verse para querer descubrirse.
nunca estuvo entre ellos encontrarse ni vivirse,
cada uno seguía con su vida, con sus cosas, con sus latidos,
y bastó con solo verse para querer descubrirse.
El le pertenece a ella, y ella le pertenece al destino;
el día se convertía en noche, y la noche se convertía en eternidad,
el día se convertía en noche, y la noche se convertía en eternidad,
se pasaban las horas entre conversaciones platónicas,
elogiaban sus pasos, se guardaban los secretos, compartían su respirar.
El le pertenece a ella, y ella le pertenece al destino;
eran almas gemelas que se mezclaban entre el viento y el suelo,
eran almas gemelas que se mezclaban entre el viento y el suelo,
rompieron las barreras de la distancia, del tiempo y del espacio,
no creían en lo imposible, escribían entre nubes su historia con deseos.
El le pertenece a ella, y ella le pertenece al destino,
uno no puede vivir sin el otro, pero cada uno tiene su libertad;
uno no puede vivir sin el otro, pero cada uno tiene su libertad;
el amor no los complica, no los aprisiona, no los asfixia,
no les quita pensamientos, credo, costumbres, ni personalidad.
El le pertenece a ella, y ella le pertenece a él,
nunca pensaron encontrarse; pero ahora se escucha un solo latido,
no siempre tienen momentos mágicos, pero saben resolverlos,
uno ve a través del otro; pero todo lo hace posible el destino.
