Le pesan las manos, le duelen los pies de tanto caminar, pero sigue;
ya no soporta el cansancio, pero aún así, no se detiene, avanza;
la gente pasa por su costado y no se dan cuenta de que existe,
siente el rechazo por todos lados, pero aun así tiene esperanza.
No puede darse el lujo de llorar ni de descansar, no lo puede hacer,
y aunque sus ojos estén sollozos sabe que a nadie le importa,
a nadie le importa si su corazón está roto, si ha comido o que ha pasado,
tiene el mundo en sus hombros; y aún así sigue y lo soporta.
No puede darse el tiempo para deprimirse o de vivir su edad,
tuvo que aprender a crecer pronto, a trabajar en lo que sea,
asumió como padre cuando apenas dejaba de mudar sus dientes,
y de los verdaderos, uno se dio a la fuga y el otro en silla de ruedas.
Quiere entender porque las cosas se dieron de esta manera y no puede,
tiene sueños, quiere un futuro mejor, pero sabe que debe tener paciencia;
tiene que turnar sus estudios con su trabajo nocturno aunque se duerme,
y a quien le importa, a nadie, este mundo está lleno de inconciencia.
