- Aún tengo mucho sueño, no quiero levantarme-
Cojo mi celular para ver la hora
- ¡Que!.. Quince llamadas perdidas -todas de mi hermana- son las once de la mañana ¡¿Que hago en la cama?! Ya debería estar en la casa de mi mamá, se va a molestar mucho conmigo… ¡Maldito despertador!-
No lo había sentido, a pesar de que coloqué el volumen máximo, no lo escuché.
Como una casi costumbre de fin de semana, el domingo me levanté después de una noche de pura bohemia; me dolía todo el cuerpo como si me hubiesen pegado, me costaba levantarme, tenía una pereza única que se llevaba muy bien con el dolor de cabeza que me aquejaba por todas las mezclas: ron, pisco, cerveza y hasta a cañazo sabe mi boca - ni con pasta dental pasa este sabor en mi boca-.
No me acordaba casi nada de lo que había sucedido el día anterior, ni como llegué a mi casa.
Me ayudó mucho a levantarme la luz que se filtraba por la pared rajada de un costado, producto del terremoto que sucedió hace dos años y que me olvidé arreglar -no se notaba mucho en las noches y como en día no paraba en mi casa más que los fines de semana, no le daba mucha importancia- pero si no fuera por esa luz fácil me hubiese levantado a las tres. En todo el cuarto se percibía un olor a comida malograda surtida con alcohol. Aún en mi estado no lo aguantaba, miro para todos lados y nada -no logro ver nada- con la cabeza que me mata me volteo y arrastrándome voy hasta la esquina de mi cama, miro hacia abajo y veo todo lo que mi estomago regresó en la madrugada
- ¡Qué asco! ¡Qué asco! Como voy a limpiar todo eso, ni echándole tierra pasa… ¡Que he comido!-
Trato de levantarme de mi cama y después de cinco minutos lo logro, voy al baño a tratar de arreglar el esperpento en que me encontraba parar disimular en el almuerzo y no se de cuenta nadie de la borrachera que tenia encima
- ¡Si que fue una súper bomba!-
Repetía una y otra vez hasta llegar al espejo. Aún me sentía muy ebrio, mis ojos me ardían; solo pensaba en volver a dormir, en regresar a mi cama a pesar del olor -pero no podía- tenía muchas cosas que hacer en el día o lo que le restaba. Sabía que un buen baño y una botella de agua mineral con gas helado podrían remediar en parte esta cruda, esta resaca que se hacía cada vez más intensa.
Mientras caminaba hacía el baño para ver lo matado en que me encontraba, repetía una y otra vez la misma mentira que siempre decía después de una buena borrachera
- ¡Ay como me duele la cabeza!... Juro que nunca más en mi vida vuelvo a tomar… Voy a empezar a dejarlo de a pocos… Debo cuidarme… Ya no quiero estar así, tomando todos los fines de semana…me voy a alejar de esas malas juntas… -
De lo cual me olvidaba automáticamente cuando llegaba el próximo viernes o sábado, con un vaso de cerveza en una mano y un cigarro en la otra; en cualquier lugar -un bar, una discoteca, una bodega, un parque- con o sin motivo.
Entré al baño sin imaginarme, sin darme cuenta de nada, sin pensar en nada más que en el almuerzo y en la requintada que me iba a caer por demorarme; además de que mañana lunes, tenía que ir a trabajar como todas las semanas. Me acerqué al espejo y me vi
- ¡Que es todo esto! ¡Qué estaba pasando!-
La sola imagen era muy aterradora, muy perturbadora; mi polo estaba manchado con sangre por todos lados, en las mangas, en el pecho, hasta en el cuello
- Pero ¡Que es esto! ¡Debe ser una broma!… ¡Qué está pasando!
Mis brazos, mis brazos estaban rasguñados, como si me hubiese peleado con alguien; me saco el polo para revisarme mejor -pero no tengo lesiones o cortadas en todo mi pecho- solo los arañones de mis brazos -tampoco mi nariz estaba rota o mi boca para justificar tanta sangre-
- Esta sangre no es mía… ¿Qué hice ayer?... ¿Qué he hecho ayer?... ¿Qué hice?... ¿Qué hice por el amor de Dios?-
Decía mientras me agarraba la cabeza tratando de recordar el día anterior. Tiro el polo al suelo y me siento a un costado de la bañera golpeándome la cabeza contra la pared, me reviso los brazos y los arañones parecen de mujer no de hombre, pero no creo que le haya pegado a una mujer -no lo creo- si yo nunca le he pegado a una mujer por muy mal que se halla portado conmigo. Pero todo estaba claro; si era de una mujer -si era de una chica- ya que un hombre no araña y si lo hace, no lo hace de esa forma aún si fuera homosexual; pero, como había sucedido -no me acuerdo de nada, absolutamente de nada- seguro todas las mezclas han hecho que se me nuble la mente como en tantas veces -con el pasar del día empezaré a recordar poco a poco-...
