-
Joven, voy a alertar a la doctora que está en la
base, me dices tus síntomas, se los comunico; a ver si puedo hacer algo en lo
que demora la unidad del serenazgo-
Se alejó un
poco de mi lugar, alertó y empezó a conversar con la doctora. Luego regresó.
-
Ya joven, conversé con ella y me dijo que ella
vendrá en la unidad con el serenazgo para que te acompañe al hospital-
-
Srta. Disculpe-. Le decía con dificultad. Casi no
podía respirar. – ¿No que, la unidad ya estaba viniendo?-, Le pregunté.
-
Disculpa joven, pero hay una descoordinación
total, pero, ya están viniendo-.
Ya había pasado
más de una hora y aún seguía sentado en el mismo lugar donde llegué a preguntar
cómo llegar a un hospital. Y yo. Empeorando.
-
Joven, dígame sus síntomas-.
-
Srta. con las justas puedo respirar y me pide
que hable-.
-
Aunque sea haga un esfuerzo-.
Estaba desvaneciéndome y ella me
pedís mis síntomas.
-
Siento adormecimiento en todo el pecho, los
brazos y la cabeza. Hincones en el pecho por ratos. Mucho calor. Siento mi
corazón latir muy rápido y tengo mucha dificultad para respirar-
Se vuelve a
alejar un momento de mi lado para conversar con la doctora.
-
Joven es mejor que no se mueva mucho y que trate
de tranquilizarse; trate d respirar hondo-. Me dijo un poco exaltada. – Es más,
si quiere puede echarse en la banca y trate de no moverse-.
-
¿Qué sucede srta.?-. Le pregunté.
-
La doctora piensa que está dándote un pre –
infarto-.
Lo que me dijo,
en vez de calmarme, me alteró un poco-.
-
Trate de calmarse joven-. Me repetía una y otra
vez.
-
Pero como quiere que me calme, si me está
diciendo esto, no llega el serenazgo que supuestamente me va a llevar y ustedes
no me dejan ir a un hospital-. Legré decirle ya casi sin poder respirar.
-
No es
culpa mía joven y por seguridad, es mejor que espere; no le vaya a pasar algo
peor-.
Volví a
quedarme callado, el instructor seguía hablando por celular, la agente por el
nextel y la gente que pasaba solo me miraba. Hasta dos rateros se sentaron a mi
costado. Solo atiné a coger con fuerza mi bolsa con ropa y mi celular; pero,
felizmente no me hicieron nada, a pesar, de que me encontraba solo y muy mal.
Luego de veinte
minutos… llegó la unidad del serenazgo.
En un primero
momento pensé que sería una ambulancia por la gravedad del asunto; pero, solo
llegó una camioneta, traté de buscar a la doctora en el asiento trasero, y solo
estaba el chofer.
Me levanté como
pude, avancé hacia la camioneta, abrí la puerta trasera y subí.
El sereno que
estaba manejando, empezó a discutir con la agente que me estaba cuidando.
-
Sube para que me acompañes a dejarlo-. Le dijo a
el sereno.
-
No voy a ir, tengo que quedarme en este lugar. Aquí
me corresponde-. Le contestó la agente.
-
No me importa. Tú tienes que ir, porque yo no lo
voy a llevar solo-.
Desde que subí a la unidad, ya
habían pasado como diez minutos y no nos movíamos del paradero, ellos no
llegaban a ningún acuerdo y yo, me sentía cada vez peor.
-
Srta. por favor suba-. Le dije a la agente. –Realmente
me siento muy mal-. Se lo dije cogiéndome el pecho.
-
Vez como se encuentra-. Le dijo el chofer. –Yo no
quiero que se quede en mi unidad-.
-
Está bien. Iré con ustedes, pero, avísale a mi
supervisor-. Le dijo la agente al que estaba manejando.
Empezamos a avanzar por la carretera. Yo empecé a
cogerme el pecho con la mano izquierda, la derecha me dolía un poco.
Cuando pasamos por una base del serenazgo, el que
manejaba, en vez de seguir hacia el hospital, dio una vuelta y se detuvo para
conversar con los que se encontraban en ese lugar. Realmente no podía creer lo
que estaba pasando.
-
Srta. usted cree que pueda decirle a ese agente
que se apure, siento que ya me voy-. Le dije a la agente.
-
No se vaya a dormir joven. Voy a decirle que se
apure-.
Bajó y empezó a reclamarle. Escuché cuando le dijo “Parece
que se está muriendo”.
El chofer vino corriendo, abrió la puerta, se sentó; llamó
a dos más para que suban en la parte posterior y me dijo mientras arrancaba.
-
No te vayas a quedar en mi unidad, sino, mejor
te mando en taxi-.
-
No se preocupe-. Le respondí. –Aun no quiero
quedarme y menos aquí-.
Empezó a avanzar y con el megáfono, les ordenaba a
todas las unidades que se abrieran para que podamos pasar.
-
¿A qué hospital me van a llevar? Les pregunté.
-
Al dos de mayo, siempre trabajamos con ese-. Me
respondió la agente.
Llegamos al hospital, la caminó entró hasta la misma
puerta de emergencia, me ayudaron a bajar y me sentaron en la sala de espera,
porque los doctores estaban atendiendo a otras personas.
La agente se acercó y conversó con uno de ellos, él se
acercó y empezó a revisarme.
-
Sereno-. Le dijo el doctor a la agente mientras
escribía en un papel. –Vaya a caja y a farmacia y tráigame esto, previo pago de
consulta-.
La agente tomó el papel y yo, saqué de mi billetera dinero
para que vaya a hacer esos trámites.
Todos me dejaron solo en la sala de espera, el doctor
siguió haciendo sus cosas; muchos con batas blancas pasaron y nadie me dijo
nada. Yo seguía cogiéndome el pecho.
La agente regresó le entregó todo al doctor, se acercó y se
despidió.
-
Ya tengo que irme a seguir con mi guardia. Puedo
tener problemas; lo bueno, es que ya lo dejo en buenas manos-.
-
No se preocupe y muchísimas gracias, sin usted,
creo que aún seguiría en el paradero-.
-
No se preocupe joven. Más bien cuídese mucho-.
-
No se preocupe, que lo empezaré a hacer. Feliz
Año-.
-
Feliz año joven-.
Se levantó y se fue.
Pasaron otros veinte minutos, más o menos, y una
enfermera me llamó
-
Venga Sr. para ponerle las inyecciones-.
-
¿Qué me va a inyectar?-.
-
No estoy para darle explicaciones, sino, para
inyectarle. Así que haga lo que le digo. Bájese el pantalón-.
Me hacía recordar mi niñez, cuando las enfermeras del
policlínico me decían lo mismo y me dejaban doliendo con dos horas, después de
inyectarme. Y esta vez, no fue la excepción.
Se fue y cojeando regresé donde estaba sentado. Lo
bueno, es que a los diez minutos ya los malestares empezaron a desaparecer; me
sacaron un electrocardiograma. (era el tercero que me sacaba en el año).
El doctor se acercó y me dijo el diagnostico. Este fue, el
quinto que me decían en el año y era igual de diferente al resto, es decir, los
cinco no guardaban relación el uno con el otro. Solo me aconsejo que vaya al
cardiólogo, porque, si era cierto que cada una, era más fuerte que la otra; una
más y podía morir.
................................................................FIN..............................................................
Solo espero, que aun no el mío.