Todas mis rutinas
las cambié porque me recordaban a ti,
y no podía caminar
esperando voltear la esquina para encontrarte,
cambié mi manera
de pensar, de hacer las cosas y hasta de sentir;
por conquistar mi
tranquilidad y esa fe que me ayude a recuperarme.
Manipulé mis
vocaciones y las convertí en defectos para dejarlas de lado,
mis manos se hicieron
enemigas del papel y mis pies de los caminos,
cambié hasta la
forma de hacer latir mi corazón y de ver el ocaso,
alimenté la idea de
ser escritor de mí vida y dejar de creer en el destino.
Mis rutinas no las
cambié, solo las pude dejar de lado por un momento,
en el cual,
aprendí que no estaba bien el querer dejar de ser yo,
que solo estaba
viviendo una etapa en que sanarían mis sentimientos,
que siempre
encontraré corazones que me quieran y otros que no.
Es difícil levantarse
y seguir, pero, nadie dijo que sería fácil hacerlo,
lo que en todo
vale la pena, siempre se hace realmente esperar,
y las experiencias
malas o buenas, son solo sensaciones en el alma.
Todo deja huellas,
pero, nada puede quitarnos nuestra vida y nuestra paz.
