Hoy la soledad se
sienta en mi mesa,
comparte conmigo
el trago amargo de la separación,
me invita a
renegar sobre el destino,
y me ayuda a
entender que no todo termina por amor.
La extraño todos
los días, la necesito tanto,
pero era innegable
que la lluvia se volvía tempestad,
y el tiempo que no
pasábamos juntos nos iba matando,
y la distancia se
volvió verdugo de los ápices de felicidad.
La soledad me
abraza y me replica que no todo termina por amor,
me invita a seguir
tomando y me presenta a la nostalgia,
les grito que la
amo, que no me importa convivir con las dos,
y la soledad me
responde que no sirve de nada tener esperanza.
La conciencia me
recuerda que las palabras y acciones aportaron,
los conflictos se
volvieron rutina con aparente solución,
el pasado y el
perdón nunca quedaron olvidados,
y los dos nos
convertimos en enemigos y presa de nuestra situación.
Aun la extraño
todos los días, la necesito a mi lado,
pero la distancia
se volvió verdugo de los momentos de felicidad,
y todo el tiempo
que no pasamos juntos nos fue matando,
y fue innegable
que la lluvia se volvió tempestad.
