Te conocí y me di
la oportunidad de ser mejor,
te había elegido
para que me acompañes a lograrlo;
decidí mostrarte
los distintos lados de mi ser por amor,
buscando que me
salves, que me liberes. Quería alcanzarlo.
Te enseñé lo bueno
y lo malo del ser con que vivo,
mis defectos que
son muchos y mis virtudes que quizá son pocas;
quería compartir
mi pasado y experiencias contigo,
luchando de tu
mano para quitarme las cosas que estorban.
Me desnudé ante
tus ojos para que conozcas cada rincón de mí,
para que no haya
secretos, manchas, ni sentimientos ocultos;
te entregué mi
alma, mi espíritu y las ganas de ser feliz,
y ese espacio mío lleno
de sucesos que son muy oscuros.
Cometí tantos
errores que no puedo contarlos,
la edad que tengo
nunca fue sinónimo de saberlo todo;
y aunque desde el
inicio hice cosas buenas para remediarlo,
te quedaste en lo
malo, no me ayudaste y me quedé solo.
Es cierto, quería
ayuda y solo tuve reproches,
no me aceptaste de
la mismo forma en que te acepté;
y ahora te sientes
fuerte y me tratas como un fantoche,
utilizando para
lastimarte todo lo que te revelé.
Si en algún
momento te hice daño, fue de forma inconsciente,
nunca estuvo en mí
el querer hacerte llorar como tú si lo quisiste;
y aunque el amor
que siempre estuvo, no se irá por estar
ausente,
el tiempo decidirá
si me equivoqué o si tu realmente fuiste.